La disputa por el Esequibo volvió a escalar tras la comparecencia de Delcy Rodríguez ante la Corte Internacional de Justicia en La Haya.
El viejo conflicto territorial entre Venezuela y Guyana volvió a colocarse en el centro del debate internacional este lunes, cuando Delcy Rodríguez compareció ante la Corte Internacional de Justicia (CIJ), en La Haya, para defender la posición del régimen venezolano sobre el Esequibo. Lo hizo con un discurso cargado de símbolos políticos, referencias históricas y fuertes críticas al proceso judicial impulsado por Georgetown.
La vicepresidenta del régimen de Nicolás Maduro apareció ante el máximo tribunal de Naciones Unidas utilizando el polémico broche con el mapa de la llamada “Guayana Esequiba”, el mismo emblema que en los últimos meses ha provocado roces diplomáticos con Guyana y otros gobiernos del Caribe. El gesto no fue casual. Caracas intenta mantener viva una narrativa nacionalista alrededor del territorio en disputa, justo cuando el caso avanza en el escenario jurídico internacional.
Desde el inicio de su intervención, Rodríguez cuestionó la legitimidad del proceso abierto en la CIJ y sostuvo que el tribunal no resolverá el conflicto, sino que podría agravarlo. La funcionaria aseguró que Guyana busca “borrar la historia” vinculada al Esequibo y comparó la situación con prácticas de antiguos imperios coloniales.
“La corte fue creada para resolver conflictos, no para alentarlos”, afirmó durante su exposición. Con ello, dejó entrever nuevamente que el régimen venezolano mantiene reservas sobre la autoridad del tribunal para decidir sobre el litigio territorial.
El Esequibo, una extensa región selvática de unos 160.000 kilómetros cuadrados, representa cerca de dos tercios del territorio de Guyana. Durante décadas fue un tema de baja intensidad en la política venezolana, pero el panorama cambió radicalmente tras el descubrimiento de enormes reservas petroleras en aguas cercanas a la zona en disputa.
La estadounidense ExxonMobil confirmó en 2015 importantes hallazgos de crudo frente a las costas del Esequibo. Desde entonces, Guyana pasó de ser una de las economías más pequeñas de Sudamérica a convertirse en uno de los países con mayor crecimiento económico del mundo. Ese cambio transformó el conflicto territorial en un asunto geopolítico de primer nivel.
En Caracas, el régimen de Maduro encontró además un nuevo instrumento político interno. El tema del Esequibo fue utilizado en 2023 para impulsar un referéndum nacionalista que buscaba fortalecer la narrativa patriótica en medio del ascenso político de María Corina Machado tras las primarias opositoras.
Aunque el chavismo anunció cifras millonarias de participación, distintos sectores cuestionaron los resultados y denunciaron un marcado desinterés ciudadano. Pese a ello, el régimen avanzó posteriormente en la creación simbólica del estado “Guayana Esequiba”, incluyendo incluso autoridades y capital administrativa, aunque todo permanece sobre el papel.
Detrás de esa estrategia también apareció un elemento clave: la presión militar y diplomática de Estados Unidos en respaldo a Guyana. Washington reforzó su cooperación con Georgetown luego de que Maduro elevara el tono sobre una eventual anexión del territorio.
Ese nuevo equilibrio regional frenó cualquier intento de escalada mayor. La disputa pasó entonces del terreno político y militar al jurídico, donde Guyana apuesta por validar el laudo arbitral de 1899 que definió la soberanía británica sobre la región y que posteriormente heredó tras su independencia en 1966.
Caracas, en cambio, insiste en que el Acuerdo de Ginebra firmado ese mismo año obliga a ambas partes a negociar directamente una salida consensuada y rechaza que la CIJ tenga competencia definitiva sobre el caso.
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Más allá de la disputa territorial, la intervención de Delcy Rodríguez dejó otra lectura política. Su presencia en Europa ocurre en medio de una estrategia internacional de legitimación impulsada por el régimen venezolano, pese a las sanciones impuestas por la Unión Europea.
La funcionaria ha incrementado su actividad diplomática en los últimos meses y busca proyectar una imagen de interlocutora política confiable ante gobiernos y organismos internacionales. La gira incluye contactos en el Caribe y acercamientos discretos en Europa, donde algunas figuras políticas han defendido la normalización de relaciones con Caracas.
En ese contexto, la posibilidad de que Rodríguez participe en la próxima Cumbre Iberoamericana prevista en Madrid ha comenzado a generar debate diplomático. El ministro español de Exteriores, José Manuel Albares, aseguró recientemente que sería “perfectamente normal” su asistencia, una declaración que ya genera críticas entre sectores opositores venezolanos y organizaciones defensoras de derechos humanos.
La comparecencia ante la CIJ también reflejó un cambio importante respecto a la postura del chavismo en años anteriores. Durante buena parte del mandato de Hugo Chávez, el reclamo sobre el Esequibo quedó relegado por razones geopolíticas. Caracas priorizó entonces la alianza política con gobiernos caribeños agrupados en Caricom, respaldados financieramente mediante el programa Petrocaribe.
Esa política permitió al chavismo consolidar apoyos internacionales en organismos multilaterales mientras evitaba tensiones abiertas con Guyana. Sin embargo, el descubrimiento petrolero cambió por completo el valor estratégico del territorio y reactivó el conflicto con fuerza.
Hoy el Esequibo no solo representa una disputa histórica heredada del siglo XIX. También se convirtió en un punto clave para el futuro energético de la región y en un asunto de seguridad hemisférica que involucra intereses de potencias extranjeras.
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Mientras la Corte Internacional de Justicia avanza en el análisis del caso presentado por Guyana en 2018, el régimen venezolano mantiene un discurso ambiguo: participa en las audiencias, pero insiste en desconocer la jurisdicción del tribunal.
Esa contradicción evidencia el delicado equilibrio que enfrenta Maduro. Por un lado, necesita sostener la narrativa soberanista ante su base política interna. Por otro, evita elevar nuevamente el conflicto militar con Guyana en un escenario internacional mucho más adverso para Caracas.
La disputa por el Esequibo entra así en una nueva etapa. Ya no se libra únicamente en los mapas ni en los discursos patrióticos, sino también en los tribunales internacionales y en la pugna global por el petróleo y la influencia geopolítica en el Caribe.
